Siete años después de la publicación de “La sombra del viento” hoy llega a las librerías “El juego del ángel”. Hemos leído en La Vanguardia los secretos de este nuevo título destinado a llenar nuestras bibliotecas personales. …Volvamos al cementerio de los libros olvidados.
Las claves de ‘El juego del ángel’
LA ÉPOCA
La Barcelona de los años 10, con grandes mansiones y calles oscuras por donde el protagonista se interna “dejando atrás la bulliciosa ciudadela de cabarés, bares, music halls y locales de difícil definición” con que los años de la Gran Guerra europea habían sembrado la ciudad. Una época de pistolerismo:”Días de octavillas y bombas que dejaban pedazos de cuerpos temblando y humeando en las calles del Raval”.
Y después la Barcelona de fines de los años 20, en los que “los seis años de la dictadura del general primo de Rivera habían traído una calma venenosa y turbia”
EL TONO
Recrea el estilo de los viejos seriales (“Cae la noche sobre la ciudad y las calles llevan el ólor a pólvora como el aliento de una maldición”) y a la vez incorpora humor (“tengo por aquí alguna eminencia que me puntúa con escopeta y se cree que la entradilla es una tapa típica de la provincia de Logroño”, se queja un viejo periodista), así como diálogos cortantes y suspense.
LOS LUGARES
El Cementerio de los Libros Olvidados, al que se accede por la calle Arc del Teatre. Distintos escenarios del Raval, la Ribera, la zona alta de Barcelona, la Carretera de Vallvidrera, Parque de la Ciutadella, la comisaría de Via Laietana, la iglesia de Santa Anna, la playa del Bogatell, donde vive la Bruja del Somorrostro… y la antigua redacción y talleres de La Vanguardia, donde David Martin va a buscar a su antiguo subdirector para que le proporcione unas informaciones que necesita para seguir su investigación. Allí, tras pasar “una gran sala de lectura rodeada de vitrinas acristaladas”, repositorio de la biblioteca secreta del diario, ve la rotativa, “que parecía un cruce entre una monstruosa locomotora de vapor y una máquina de fabricar relámpagos”. Y hay también una breve pero decisiva escapada a una Puigcerdà cubierta de nieve, con su lago helado.l’